martes, 2 de febrero de 2010
Prefacio —de Abrid fuego—
He concluido que el problema parte de un debate, y el poema es ese problema y sacará por sí mismo la solución, porque el poema es un truco de magia y el responsable de una transformación. Y para que suceda, al cuerpo hay que aplicarle un medio físico.
Reconocido el territorio como vanidad, hay que identificar el camino correcto, que es el del corazón; hay que descartar los reflejos y sombras. Este paso es el mal mayor, pues el auténtico guerrero no llega tan lejos: corta de raíz y no alberga fantasmas. Es inútil luchar contra los que no tienen cuerpo en la tierra. Pero si equiparo el territorio de la duda con el del lenguaje, el guerrero puede actuar.
Hablaba de vanidad. Una vez que reconoces tu oficio y beneficio, la herida que le provocas al sistema es mortal de necesidad. Si no lo tuviera no habría escrito lo que sigue, si me conformase, lo que viene a continuación sería el resultado de un hobby. Eso no lo soporto, y si así fuese, cogería todos estos papeles y les pegaría fuego. Pero no es el caso, así que lo que haré será abrir ese fuego en mi propio beneficio, en el mío y en el de los míos, porque yo soy todo un pueblo. Es decir, no puedo olvidarme de que conozco personas que lo pasaron mal, que querían llegar a algo y no pudieron, y todas ellas están dentro de mí. No vamos a llegar a nada más que lo que somos, y estos textos los planto en medio de ese fuego. Y no van a arder, las llamas no los van a tocar, las llamas se van a echar a su lado como el mar Rojo ante la tropa de Moisés, porque somos el pueblo que yo he elegido para su salvación y el fuego nos respeta. Y el fuego no los va a tocar, insisto, porque es un medio físico consciente: no es estúpido y va a esperar que yo le diga que venga, porque esto es pólvora, pólvora y detonación en mis oídos y yo soy tú, y junto a los demás somos un pueblo, y cuando le pidas que llegue, el fuego hará que todo salte por los aires. Si quieres, puedes quedarte sordo y eso te salvará la vida.
Contexto —de Abrid fuego—
El país desguace: lugar común en el que distintos personajes cuentan su propia historia. Están relacionados entre sí por la situación circunstancial: efímera e irrepetible.
Dichas posibles relaciones no son diálogos. Son monólogos interiores de cada uno de ellos, que en conjunto conforman un ruido. El diálogo puede tener mayor o menor éxito en función de mi capacidad para crear relaciones de temas con algo tan simple como la secuencialidad en el orden de dichas intervenciones —discursos interiores o poemas, pues se trata de la misma cosa—. Pienso en una vasta extensión a las afueras de Madrid, eso que los burócratas denominan zonas verdes o pulmones naturales. El primero de mayo, día del trabajo, hay numerosos grupos reunidos en el parque Juan Carlos I. Observo a un grupo de nacionalidad china, parece que se trata de una familia. Aunque desconozco sus relaciones de parentesco, intuyo que lo que tienen en común socialmente es eso: por las marcadas diferencias de edad, el reparto de géneros y el modo afectivo en que se relacionan. Otras características, aunque no muy diferentes, se aprecian en un grupo que parece festejar el cumpleaños de uno de sus miembros. ¿Funcionaría identificar un poema con cada uno de ellos —sustituir a cada uno por un poema—, darle una voz en el nuevo territorio del país desguace? Sin duda, sí: solteros, parejas, parados, quemados, ociosos, con hijos, eternos estudiantes, desencantados, ansiosos, perdidos, sobrehumanos, etcétera.
El plan —de Abrid fuego—
El texto se organiza en tres partes diferenciadas por tres títulos distintos. El origen de esta estructura se encuentra en un cuerpo —original—, primero en el orden expositivo, del que dependen otros dos —relacionados—. Sin embargo, la parte original no tiene preeminencia, por lo que las tres partes ostentan la misma validez. El resultado, de este modo, es un conjunto de poemas con el mismo peso específico. Las variaciones responden a alternativas de texto y al compromiso con la fidelidad de lo que se manifiesta en el pensamiento. El resultado se adapta al modo de crecimiento del rizoma. Puesto que se trata de una raíz, todos los vasos son capitales para la vida del organismo, y a su vez, las ramificaciones son imprevisibles. En este sentido, no habría que hacer una diferencia de partes, pero la hago, puesto que existen matices de significado. Así, el cuerpo original alude al primer pensamiento, los relacionados a variaciones de significado. Además, he permitido que las mutaciones de verso, cuando han surgido, también estén presentes mediante el recurso del viceverso.
El viceverso es el verso mutante que le da razón de ser al verso. No es reverso ni anverso. Es la unidad esquizofrénica del poema, divisible a su vez en palabras. El cuerpo original recibe el nombre que sigue: Por cada rayo que cae. Las partes relacionadas, Sombras bajo el agua y El escondite / Monte Drama. Los Hombres Invisibles son una sociedad secreta, un grupo que se ha reunido en torno a un sueño recurrente. En dicho sueño, aparece un animal. Ese animal mítico es su antecesor, el que los engendró a todos ellos, y les otorga sus poderes.

